Tras una confesión forzada y una condena a muerte, un poeta kurdo pasó 30 años en la cárcel, donde descubrió su voz. Su promotora literaria, para sorpresa de todos, se convirtió en su compañera de vida.
Tras una confesión forzada y una condena a muerte, un poeta kurdo pasó 30 años en la cárcel, donde descubrió su voz. Su promotora literaria, para sorpresa de todos, se convirtió en su compañera de vida.
