Desde la masacre de la escuela primaria Robb en Uvalde en 2022, los distritos escolares de Texas han gastado miles de millones de dólares en asignar agentes de policía a todos los campus del estado. Este esfuerzo, el más ambicioso de Estados Unidos, estaba destinado a proteger a los estudiantes de tragedias similares.
Pero la presencia constante de agentes ha transformado la manera en que muchas escuelas públicas gestionan la disciplina, sometiendo a los alumnos a tácticas policiales de mano dura por comportamientos que antes solo los habrían llevado a la oficina del director, según descubrieron The New York Times y The San Antonio Express-News.
Los agentes de Texas mostraron a veces una beligerancia sorprendente, sujetando o derribando a alumnos de una fracción de su tamaño por una falta que a menudo parecía menor. Se esposó a niños de primaria, incluido uno de apenas 6 años. Se detuvo a adolescentes, se les acusó de delitos e incluso se les encarceló. En los casos más extremos, acabaron en hospitales, con moretones o traumatismos, luego de recibir golpes en el cuerpo o descargas eléctricas con pistolas Taser, que están prohibidas en los centros de detención de menores del estado, pero permitidas en sus escuelas públicas.
No existe un registro exhaustivo de los incidentes de uso de la fuerza en los más de 1000 distritos escolares públicos de Texas. Muchos distritos y organismos policiales se negaron a revelar sus datos a nuestros periodistas; otros no respondieron a las solicitudes de registros públicos. Más de 200 proporcionaron alguna información, pero en la mayoría de los casos era limitada.
Aun así, al examinar incluso esa pequeña parte de los registros, nuestros periodistas identificaron más de 2600 incidentes de uso de la fuerza ocurridos entre enero de 2022 y diciembre de 2025. Unas 450 de esas interacciones fueron descritas en informes detallados que revisamos. También vimos imágenes de video de más de dos decenas de encuentros.
Los registros ofrecen una visión inédita de cómo se ha desarrollado la iniciativa de Texas sobre la vigilancia escolar en distritos grandes y pequeños, urbanos y rurales.
Muchos incidentes empezaron por faltas como infracciones del código de vestimenta, fumar o peleas en el patio. Los agentes, a menudo convocados por directores o profesores, agravaron algunas situaciones al gritar obscenidades o insultos. Utilizaron tácticas de derribo físico en unas 60 ocasiones en las que los alumnos ignoraban sus órdenes, les contestaban o se apartaban.
En el distrito escolar de Judson, que incluye partes de San Antonio, un agente lanzó a un chico de 15 años contra una mesa después de que este arrojara una tira de queso a otro alumno, según testigos citados en registros públicos. En un comunicado, el distrito escolar dijo que el alumno había intentado alejarse del agente, quien utilizó “la fuerza necesaria para controlar la situación”.
En el distrito de Cypress-Fairbanks, cerca de Houston, un agente ató a un niño de 10 años con un trastorno de conducta que había pateado al director, utilizando una cuerda para atarle las manos y los pies detrás de la espalda, según descubrió una investigación interna. El agente había utilizado la misma técnica de inmovilización en dos ocasiones anteriores, cuando el niño abandonó el campus durante las clases, según consta en los registros. El distrito prohibió esta práctica posteriormente.
Tayshawn Chadwick, de 17 años, fue suspendido de su escuela en el distrito de Aldine por amenazar con pelearse con otro alumno en diciembre de 2023. Cuando intentó ir a un aula por las llaves de su casa antes de abandonar el campus, un agente escolar lo inmovilizó contra una ventana, según los registros. Otro agente le aplicó una pistola eléctrica contra la piel y le dio descargas repetidamente.
“Se sintió como un rayo”, recordó Tayshawn en una entrevista.
Tayshawn fue acusado de resistirse al arresto y recluido en la cárcel del condado. La acusación fue desestimada después de que completara un programa de control de la ira. El distrito escolar declinó hacer comentarios sobre el incidente; los registros muestran que los supervisores de los agentes consideraron que sus acciones cumplían la política del departamento.
En las entrevistas, decenas de padres, profesores, directores y alumnos dijeron que creían que los agentes de policía eran necesarios para mantener la seguridad en los centros escolares. Muchos elogiaron a los agentes por detener peleas violentas. Casi todos citaron el miedo a los tiroteos en las escuelas. En marzo, un alumno de una secundaria de la zona de San Antonio le disparó a un profesor y luego se suicidó. Los agentes escolares han confiscado decenas de armas tan solo en esa región, y algunos han frustrado posibles ataques.
“No hay más que ver la televisión”, dijo LaTres Essien, quien enseña matemáticas de tercer grado en Dallas. “No hay escuela en Estados Unidos que no deba tener algún tipo de agente”.
Los jefes de policía dijeron que la fuerza física era necesaria en el trabajo policial, incluso en las escuelas. “No podemos ser indiferentes y decir: ‘Bueno, estamos en una escuela, y tal vez no debamos tocar a este alumno’, y luego llegar a un nivel en el que hiera a alguien”, dijo Charles Carnes, quien en diciembre se jubiló como jefe del departamento del distrito escolar de Northside, en San Antonio.
Algunos departamentos han sancionado a agentes por ir demasiado lejos, como en el incidente del alumno que fue atado de pies y manos y en los casos del gas pimienta y el vaporizador mostrados en los videos anteriores. (Ni el agente implicado en el caso de la pelea en el comedor ni su departamento hicieron comentarios).
Pero en Texas, ningún organismo estatal está facultado para revisar sistemáticamente las acciones de los agentes escolares y opinar sobre posibles extralimitaciones.
Los legisladores de este estado han adoptado la vigilancia escolar sin establecer las salvaguardias necesarias para una rendición de cuentas significativa, dijeron los expertos en vigilancia. Una ley de 2019 destinada a mantener a los agentes al margen de la “disciplina rutinaria de los alumnos” no define el término ni detalla las repercusiones de las infracciones. Los departamentos de policía de Texas no están obligados a informar de los incidentes de uso de la fuerza en las escuelas a menos que le disparen a alguien.
Los consejos escolares y los organismos policiales son responsables de la supervisión, dijeron los funcionarios estatales. Pero en las entrevistas, más de dos decenas de miembros de consejos escolares de todo Texas dijeron que no lo consideraban parte de su trabajo. “Nos limitamos a aprobar lo que necesitan comprar”, dijo Michael Valdez, miembro del consejo del distrito escolar de Edgewood, en San Antonio.
Varios dijeron que no sabían que sus agentes hubieran llegado a usar la fuerza contra los alumnos.
Una revisión de las políticas de uso de la fuerza de más de 200 departamentos de policía de distritos escolares descubrió que muchas estaban copiadas en gran medida de las utilizadas por los organismos policiales municipales. Algunas incluían instrucciones sobre cómo atender llamadas relacionadas con control de animales y ganado. La mayoría no ofrecía orientación específica sobre el trato a los alumnos.
‘Ojos bien abiertos’
Hace casi un siglo que se asignan agentes de policía a algunas escuelas de Texas. En la década de 1930, según muestran artículos de prensa, el Departamento de Policía de Houston empleaba a “policías escolares” a tiempo parcial para ayudar a dirigir el tráfico.
Pero no fue hasta las décadas de 1980 y 1990, en medio de la preocupación por las drogas y la violencia, cuando empezaron a engrosar las filas de los agentes escolares. El tiroteo de 1999 en la secundaria Columbine en Colorado provocó un aumento mayor.
En otros lugares del país, los distritos escolares solían recurrir a la oficina del sheriff o al departamento de policía local para conseguir agentes. Texas fue inusual en el sentido de que muchos distritos formaron sus propios departamentos.
A medida que aumentaba la presencia policial en las escuelas, algunos educadores comenzaron a preocuparse por los castigos severos y las prácticas que podían empujar a los alumnos al sistema de justicia penal. Incluso en el Texas de la mano dura, esas preocupaciones parecieron abrirse paso. En 2019, la Asamblea Legislativa aprobó una ley que establecía que los consejos escolares no debían encargar a los agentes la disciplina rutinaria de los alumnos.
Entonces llegó Uvalde, el tiroteo escolar más mortífero de la historia de Texas, que se cobró la vida de 19 estudiantes y dos profesores.
Un año después, en 2023, los legisladores aprobaron una ley que exigía al menos un agente de policía con licencia en cada colegio público del estado. Aunque otros estados habían tomado medidas para aumentar la seguridad en las escuelas, pocos dependían tanto de la policía.
Antes de que se aprobara la ley de Texas, algunos padres, profesores y defensores advirtieron que provocaría más detenciones e incidentes en los que se emplearía la fuerza. Alycia Castillo, directora asociada de política y defensa del Proyecto de Derechos Civiles de Texas, organización sin fines de lucro con sede en Austin, dijo que varios grupos ya habían expresado su preocupación por las tácticas policiales de mano dura en las escuelas. Los legisladores, dijo en una entrevista, tenían los “ojos bien abiertos”.
En los dos años siguientes, el gasto anual en seguridad escolar en todo el estado aumentó de unos 900 millones de dólares a más de 1300 millones de dólares.
En la actualidad, Texas cuenta con casi 400 departamentos de policía de distrito escolar, más que todos los demás estados juntos. La mayoría de los otros distritos tienen contratos con agencias policiales externas. El número de agentes formados para trabajar en las escuelas —unos 11.000— supera el número total de agentes de policía de al menos dos decenas de estados.
Casi todo lo que hacen los agentes escolares es rutinario. Aseguran las puertas exteriores, hacen pasar a los alumnos por los detectores de metales y vigilan los pasillos para evitar peleas. Algunos orientan a los alumnos y les dan consejos.
Pero las interacciones cotidianas se han visto salpicadas en ocasiones por encuentros físicos. Los agentes han sujetado o derribado a alumnos cientos de veces, según muestran los datos y los registros. Utilizaron gas pimienta en decenas de casos y dieron descargas eléctricas a alumnos con pistolas paralizantes en al menos nueve incidentes. Los periodistas descubrieron que, en cuatro ocasiones, los agentes retuvieron a adolescentes a punta de pistola.
Algunos distritos escolares grandes declararon haber utilizado la fuerza más de 100 veces en un año escolar. En una entrevista, Kirby Warnke, jefe del departamento de policía del distrito escolar de Corpus Christi, dijo que sus agentes recurrían a la fuerza física con los alumnos “casi todos los días”, a menudo para contenerlos o redirigirlos.
Los alumnos sufrieron contusiones, rasguños u otras lesiones en casi una cuarta parte de los 450 casos examinados por los periodistas. Dos adolescentes sufrieron conmociones cerebrales, según los historiales médicos y una entrevista con el abogado de una familia.
Alrededor de dos decenas de casos tenían que ver con niños de primaria. En el distrito escolar de Northside, un agente esposó a un niño de 6 años que pateó a un empleado de la escuela durante una rabieta.
La ley estatal prohíbe utilizar medios de inmovilización con niños de quinto grado o menos, salvo en las situaciones más peligrosas. En un comunicado, el distrito dijo que el agente había percibido un “riesgo de daño inmediato”.
El niño seguía esposado cuando su padre llegó unos minutos después y empezó a grabar con su celular.
“¡El policía quiere que me muera!”, gritó el niño.
‘La mano dura’
En mayo de 2024, Anabelle Jaramillo tocó un timbre de plástico en el exterior de un aula de la secundaria Texas City. El timbre de 13 dólares se desprendió y Anabelle se lo llevó de ahí, según una descripción de las imágenes de vigilancia incluidas en un informe policial.
Al día siguiente, las autoridades escolares acusaron de robo a la estudiante de honor de 17 años, imponiéndole tres días de suspensión en la escuela.
Segura de que había habido un malentendido, Anabelle se presentó en la oficina de la subdirectora Sonia Davis. Le dijo que el timbre se había desprendido accidentalmente y lo había metido en una maceta cercana para no meterse en problemas, según recordó en una entrevista.
Aun así, Davis llamó a los agentes del sheriff del condado de Galveston que estaban en la escuela y, según muestran las grabaciones de las cámaras corporales, les pidió que hablaran con Anabelle sobre el robo.
Anabelle siguió defendiendo su postura. Le envió un mensaje de texto a su madre, y Davis le extendió la suspensión dos días más por utilizar un celular en la oficina. Davis le dijo a Anabelle que se marchara. Pero la adolescente no se movió de su asiento.
Anabelle jadeó durante unos tres minutos antes de quedarse quieta, según muestra la grabación de la cámara corporal. Davis llamó a la enfermera del colegio. Ruiz le tomó el pulso. Más tarde, Anabelle le dijo a los periodistas que se había desmayado.
Otros casos examinados por los periodistas escalaron de forma similar.
Un miembro del personal llamó a un agente cuando un alumno de 17 años de una clase de educación especial amenazó a un compañero y le arrojó un “bote de desinfectante”, decía el informe policial; el agente arrastró al chico al suelo y, tras un forcejeo, le dio dos puñetazos en la cara, según muestra la grabación de video.
Un profesor alertó a un agente sobre un chico de 15 años que estaba diciendo groserías en un pasillo; el agente derribó al alumno, según consta en los registros, y lo arrastró de una pierna hasta un salón.
En las entrevistas, los educadores dijeron que a veces necesitaban ayuda para controlar a los alumnos indisciplinados. Muchos se sienten presionados para ser duros con el mal comportamiento, dijo Anita Wadhwa, una exmaestra que ahora dirige una organización sin fines de lucro en Houston centrada en enfoques alternativos de la disciplina escolar.
“Ningún adulto quiere que parezca que un niño le está contestando”, dijo.
Algunas autoridades del distrito escolar dijeron que habían enviado un mensaje claro: los agentes solo deben intervenir si se acusa a un alumno de un delito grave o si alguien corre peligro de sufrir daños físicos.
“Nuestros agentes no son disciplinarios, y punto”, dijo Sean Maika, quien fue superintendente del Distrito Escolar Independiente del Noreste, en San Antonio, hasta enero.
Pero en muchos lugares, ese mensaje parece haberse perdido. Michelle Parsons, que imparte un curso de formación obligatorio para los agentes escolares en Texas, dijo que los agentes describían con frecuencia cómo se les involucraba en asuntos disciplinarios menores. En una sesión de formación reciente a la que asistió un periodista, se dijo a los agentes que se mantuvieran al margen de incidentes que no darían lugar a una llamada al 911. Varios se burlaron y dijeron que sus directores no estarían contentos.
Parsons dijo que los directores y los profesores suelen ver a los agentes como “la mano dura”. Texas no exige que reciban formación sobre cuándo llamar a la policía escolar.
Poco después de la detención de Anabelle, su madre, Martha Jaramillo, llegó a la escuela y la encontró en el suelo, según muestran los videos. “Fue muy grosera con nosotros”, le dijo Davis, la subdirectora, a Jaramillo.
Jaramillo informó a la enfermera sobre los problemas de salud de su hija, incluido el asma. Uno de los agentes llamó a los paramédicos, quienes llevaron a la adolescente a urgencias.
Dos semanas después, Anabelle se entregó en la cárcel del condado por el cargo de robo. Ahí tuvo otro ataque de pánico, comentó.
Ni Davis ni los funcionarios del distrito escolar de Texas City accedieron a ser entrevistados para este artículo. En un comunicado, el distrito dijo que Davis no había infringido sus normas. La oficina del sheriff del condado de Galveston no quiso hacer comentarios. Los agentes implicados en el caso no respondieron a los múltiples intentos de contactarlos.
Kim Simon, experta nacional en vigilancia escolar y exagente de Virginia, quien analizó el caso para el Times y el Express-News, dijo que Davis y los agentes habían escalado una infracción menor innecesariamente.
“Nadie actuó en interés de la niña”, dijo Simon.
Mando y control
En todo el estado, los agentes proferían obscenidades, insultos y amenazas a los alumnos justo antes o después de utilizar la fuerza física, según muestran los registros y las grabaciones de video.
“Deja de llorar como niñita”, ordenó un agente de la policía escolar de San Antonio a un niño de séptimo grado que se había metido en problemas por ser revoltoso.
“Niño, te voy a lastimar”, dijo un agente de Houston a un estudiante de secundaria que le contestó.
“¡Levanta las malditas manos antes de que te dispare!”, gritó una agente de Galveston mientras apuntaba con su pistola a un joven de 17 años al que había acorralado en un patio. El adolescente había huido del campus tras ser sorprendido con un vapeador.
La mayoría de los agentes contratados por un distrito escolar de Texas trabajaron anteriormente para organismos policiales municipales, según un análisis de los datos de certificación policial. Más de 1000 trabajaron como carceleros.
En esas funciones, se anima a los agentes a tener una presencia dominante para tomar el control de las situaciones peligrosas.
“La idea misma de la labor policial implica el uso de la fuerza”, dijo Aaron Kupchik, profesor de sociología y justicia penal de la Universidad de Delaware, quien escribe sobre la policía escolar. “Implica obligar a las personas a obedecer tu autoridad”.
Pero tratar con jóvenes, dijeron él y otros expertos en aplicación de la ley, exige un enfoque diferente. Las investigaciones demuestran que los adolescentes, cuyos cerebros aún no se han desarrollado plenamente, suelen tener dificultades para controlar sus impulsos. Gritarles o dominarlos físicamente, añadieron los expertos, puede ser contraproducente.
En Texas, la formación obligatoria para los agentes de policía escolar incluye instrucción en psicología infantil, resolución de conflictos y manejo de alumnos con problemas de conducta. Pero con solo 20 horas, el programa es la mitad del mínimo recomendado por la Asociación Nacional de Agentes de Recursos Escolares. Kentucky, que también obliga a que haya agentes en todos los colegios públicos, exige 120 horas.
Cuando los agentes empleaban la fuerza contra los alumnos, los jefes de departamento tenían casi siempre la última palabra sobre si actuaban dentro de los límites o se excedían.
Los supervisores revisaban a menudo los formularios en los que se describían los incidentes, y en algunos indicaban si aprobaban las acciones de los agentes. Los periodistas examinaron más de 100 documentos de este tipo y descubrieron que los supervisores casi siempre determinaban que la fuerza había sido apropiada.
En otros casos examinados por los periodistas, los agentes fueron sancionados, pero recibieron poco más que advertencias verbales u órdenes de recibir formación adicional.
En 2024, la agente Linda Holland utilizó gas pimienta para impedir que un grupo de chicas se peleara y luego golpeó a una de ellas en la cara con la rodilla, según muestra un video. Se le exigió que tomara cuatro cursos de formación, incluido uno sobre ética, según un informe interno. Un supervisor escribió que sus acciones “no daban buena imagen”.
Holland colgó cuando un periodista la llamó para pedirle un comentario. En un comunicado, el distrito describió la escena como “caótica”, y añadió que la agente no pretendía lastimar a la niña.
Algunos padres, según consta en los registros, llevaron sus preocupaciones sobre los agentes a la Comisión de Texas para el Cumplimiento de la Ley, que otorga licencias a todos los agentes de policía del estado. Pero la Comisión dice que no puede investigar las quejas por uso excesivo de la fuerza a menos que el agente haya sido acusado penalmente.
En al menos dos casos, cuando los padres han presentado demandas federales contra agentes por uso de la fuerza, el tribunal de apelación que cubre Texas ha fallado en contra de sus reclamaciones. En 2023, el tribunal falló a favor de un agente que utilizó una pistola eléctrica Taser contra un joven de 17 años con discapacidad intelectual cuando intentaba salir de la escuela. El tribunal dijo que las acciones del agente se asemejaban a un castigo corporal, que es legal en Texas.
Alienados y retraídos
Algunos estudiantes que fueron sometidos a fuerza física por parte de los agentes de policía dijeron que habían sufrido consecuencias persistentes.
Tayshawn Chadwick, a quien aturdieron con una pistola eléctrica, dijo que había dejado de salir de casa. Julian Montes, a quien golpearon contra un carro de comida, ahora tiene miedo de los agentes de policía.
Anabelle Jaramillo dijo que el incidente del timbre la llevó a retraerse incluso de sus amigos íntimos.
Los fiscales desestimaron el cargo de robo después de que ella completara un curso en línea sobre robos. Pero se sintió mortificada cuando un sitio web sobre delitos publicó su ficha policial. Terminó sus clases desde casa y no fue a su ceremonia de graduación.
Dos años después, Anabelle por fin ha empezado a dejar atrás el trauma. Tuvo un hijo y terminó el colegio comunitario. En otoño tiene previsto ir a una universidad cercana con la esperanza de convertirse en veterinaria. Pero el episodio con la policía la ha hecho perder la confianza. Los adultos de su escuela, dijo, le habían fallado.
“Pensaba que estaban ahí para escucharte, para construirte y llevarte al futuro”, dijo. En lugar de eso, “me destrozaron”.
Justin Mayo, Melissa Manno, Liz Teitz, Maggie Allwein y Teresa Mondria Terol colaboraron con reportería. Susan Beachy, Kitty Bennett, Alain Delaqueriere, Georgia Gee, Sheelagh McNeill y Kirsten Noyes colaboraron con investigación. Este artículo fue elaborado en colaboración con Big Local News de la Universidad de Stanford.
Kristian Hernández es un reportero que cubre la vigilancia escolar en Texas como parte de la Beca de Investigaciones Locales del Times.
Asher Lehrer-Small informa sobre la policía y la seguridad escolar en Texas como parte de la Beca de Investigación Local de The Times.
